Medio ambiente

La apicultura es una actividad importante desde el punto de vista medioambiental ya que se encuentra integrada en la naturaleza y la acción polinizadora de las abejas contribuye a la protección del medio y a la producción agroforestal. De esta forma:

Incrementa y mejora los recursos alimenticios de animales salvajes y ganado, ya que permite la proliferación de plantas, semillas y frutos. Además, la práctica de la Apicultura, a diferencia de otros sistemas productivos, no supone la merma en las posibilidades de supervivencia de plantas individuales o de otras especies sino que, por el contrario, supone un beneficio para estas plantas, ayudando a conservar la cubierta vegetal. La consecuencia de una buena polinización cruzada, es la producción de semillas y frutos, lo cual se refleja de diferentes formas en la conservación del entorno:

  • Incremento de la producción de semillas, contribuyendo a la perpetuación de las especies y sirviendo como herramienta en la protección contra la erosión debido a la regeneración de la cubierta vegetal. Este aspecto resulta especialmente interesante en el caso de plantas aromáticas y medicinales, las cuales tienen un alto nivel colonizador.
  • Aumento de la diversidad de especies (biodiversidad) y por consiguiente mayores posibilidades de adaptación al medio por parte de las mismas, debido a un mayor intercambio genético.
  • Apoyo en la multiplicación de especies entomófilas (cuya polinización se lleva a cabo por medio de la acción de insectos) amenazadas, ayudando a su recuperación.
  • En los sistemas de dehesa, la polinización desempeña una labor importante en la regeneración de las encinas y alcornoques y en la producción de bellotas.

Por otro lado, la actividad de las abejas favorece la polinización de las plantas cultivadas, dando lugar a un incremento tanto en la producción como en la calidad de los productos. La mejora de la calidad puede entenderse desde los siguientes puntos de vista:

  • Aumento de los componentes nutritivos, tales como vitaminas, azúcares, grasas, etc.
  • Mejora de las características organolépticas como el sabor o el olor, así como fomento de una producción más homogénea de semillas
  • Mejora de otros caracteres productivos e industriales tales como una mayor resistencia a las enfermedades y las heladas.