Fundamentos
La apicultura ecológica, al igual que el resto de producciones ecológicas, surge como respuesta a una sociedad que, cada vez en mayor medida, se preocupa por su salud y la del medio que la rodea. De esta forma, los productos obtenidos ofrecen garantías en ambos sentidos ya que, las especies vegetales a las que acuden las abejas para “cosechar” las materias primas que llevan a las colmenas, son silvestres o bien cultivadas de forma ecológica. En ambos casos, las áreas de pecoreo donde trabajan las abejas, se encuentran sometidas al control y cumplimiento del reglamento sobre producción ecológica, lo que garantiza la ausencia de residuos de contaminantes en dichas materias primas y, por tanto, en el producto final. Algunos de los fundamentos principales que hacen de la apicultura ecológica un sistema de producción diferenciado son:
Uno de los pilares básicos de la producción animal ecológica es el bienestar de las distintas especies. En el caso de la apicultura, una de las aplicaciones de esta máxima pasa por asegurar que las abejas cuenten en todo momento con fuentes suficientes de néctar y/o de polen, así como dejar reservas adecuadas de estos productos en aquellas épocas de menor producción como el invierno. Por otro lado, no está permitida la destrucción ni mutilación (ej. corte de la punta de las alas en las abejas reina) de las abejas, salvo en el caso de reposición de las Reinas.
La ubicación de las colmenas debe ser tal que en un radio de 3 Km únicamente existan cultivos de producción ecológica y/o vegetación silvestre. Teniendo en cuenta que las abejas generalmente no trabajan más allá de la distancia mencionada, de esta forma se asegura que las fuentes de néctar y/o polen se encuentren libres de contaminación. Por otro lado, también se exige un distanciamiento adecuado respecto a otros posibles focos de contaminación tales como centros urbanos, autopistas, zonas industriales, etc.
El manejo sanitario de las colmenas pasa por la implantación de métodos preventivos destinados a fomentar la resistencia ante plagas y enfermedades de la colonia así como evitar la aparición de infecciones. Algunas de estas medidas son el seguimiento continuo de las colmenas para detectar a tiempo situaciones anómalas, suministro adecuado y en cantidades suficientes de alimento, desinfección periódica de materiales e instrumentos, etc. No obstante, cuando los métodos preventivos no son suficientes, la reglamentación sobre producción ecológica permite el empleo de determinados productos, citando a modo de ejemplo el Timol (aceite esencial de tomillo) para combatir la Varroasis producida por distintas especies del ácaro Varroa sp.
Como norma general, no están permitidos los medicamentos alopáticos de síntesis química para el tratamiento preventivo de enfermedades en las abejas, ni tampoco el uso de repelentes químicos sintéticos para las operaciones de recolección de la miel.
Salvo excepciones justificadas, en el interior de las colmenas, únicamente pueden emplearse sustancias naturales tales como el propóleo, la cera y los aceites vegetales.

